Nuestra boca se hace mayor

A medida que nos hacemos mayores, todo nuestro cuerpo envejece, y la boca no es una excepción. Los tejidos bucales, las mucosas, los dientes… Todo empieza a notar el paso de los años.

La parte positiva es que una buena higiene bucodental y unos cuidados adecuados durante toda la vida ayudan, y mucho, a llegar a la tercera edad con una salud excelente. En contra de la creencia popular de que los dientes se perderán inevitablemente cuando lleguemos a esta edad, si seguimos los consejos de salud bucodental de nuestro dentista podemos llegar a conservar todos los dientes para toda la vida.

Por otra parte, una mala salud dental puede ser un factor de riesgo en algunas enfermedades cardiovasculares, o verse agravada por otras como la diabetes. La conexión de la salud bucodental con el resto del cuerpo es tan importante que incluso la gestación y el parto del bebé pueden verse alterados cuando la madre tiene problemas periodontales, es decir, una enfermedad avanzada de las encías.

¿Qué cambia en mi boca cuando envejezco?

A pesar de que cuidemos bien nuestra boca, la edad comporta algunos cambios:

  • Sequedad bucal, ya que producimos menos saliva.
  • Desgaste de la superficie dental, los dientes se vuelven más frágiles y pequeños.
  • Retraimiento de la encía y pérdida de hueso alveolar, que puede llegar a suponer la caída de piezas dentales en los casos en que esto no se controle y se trate correctamente.
  • Sensibilidad dental, a causa del retraimiento de las encías.
  • Cambios de color, los dientes se vuelven amarillos y con coloraciones marrones, sobre todo asociadas a hábitos como el tabaco y el consumo de vino, café y té.
  • Dificultad para comer bien debido a la pérdida de los dientes y la no sustitución de los mismos. Esto además conllevará problemas digestivos, ya que el estomago deberá trabajar más para deshacer la comida, haciendo así más fácil la aparición de problemas asociados como la acidez estomacal y las digestiones pesadas.
  • Lesiones ulcerosas y rojizas en las mucosas y lengua, que si bien es cierto que la mayoría de veces responden a roces por la dentadura, en ocasiones pueden derivar en lesiones malignas de riesgo vital.

¿Cómo me afecta?

Todos los cambios anteriores hacen que seamos más sensibles a algunos problemas bucodentales, como por ejemplo la caries o la enfermedad de las encías.

Y por si no fuese poco sumar años, hay otros factores que se añaden a los cambios propios de la edad, y que además tienen un efecto acumulativo. Por ejemplo, si hemos sido fumadores o seguido una mala dieta, cuando lleguemos a la tercera edad notaremos mucho más el impacto en nuestra salud dental, ya que el efecto es proporcional al tiempo que lo hayamos hecho.

Los principales factores externos que se suman a la edad son:

  • Una alimentación inadecuada.
  • Una higiene bucal insuficiente o inadecuada.
  • Enfermedades como la diabetes, afecciones cardíacas o el cáncer.
  • Factores ambientales, como el estrés o el tabaquismo.
  • Ciertos medicamentos.

¿Qué opciones tengo?

En cualquier caso, lo básico es mantener una higiene dental muy cuidadosa, más aún que antes, para compensar los cambios de la edad: cepillado a fondo, cepillos interdentales e hilo dental, además de revisiones periódicas a nuestro odontólogo. En el caso de conservar los dientes propios y en función de lo bien que nos cepillemos, necesitaremos acudir cada seis o nueve meses para la revisión. En caso de tener problemas de encías, implantes dentales o prótesis dentales deberemos acudir cada cuatro o seis meses a nuestras revisiones, ya que sabemos que es más difícil realizar un cepillado correcto, especialmente en aquellas personas de edad avanzada que han perdido cierta habilidad manual.

¿Qué recomendamos cuando hemos perdido destreza en nuestra capacidad de cepillado?

En ocasiones, cuando llegamos a una edad avanzada perdemos cierta pericia en los movimientos de detalle, como puede ser en el cepillado o el uso de cepillos interdentales. Por eso recomendamos una serie de herramientas que compensarán esta situación:

  • El cepillo eléctrico será más útil que el manual en caso de no poder desarrollar todos los movimientos correctamente. En las personas mayores, será sin duda más eficaz a la hora de retirar la placa bacteriana.
  • El irrigador dental, un aparato eléctrico que expulsa agua a presión simulando una minimanguera, llegará a todos esos espacios donde no llega el cepillo. Muy recomendable para los pacientes con implantes dentales y prótesis dental.
  • El hilo de seda con arco. Este pequeño dispositivo consiste en un mango con forma de arco que lleva montado el hilo de seda. Su uso es cómodo e intuitivo, y facilita el uso del hilo y la limpieza de los espacios entre dientes.

 ¿Qué recomendamos cuando los aparatos de quitar y poner son incómodos y su mantenimiento difícil en la persona mayor?

Sin duda la mejor solución serán los implantes dentales, con los que no solo gozarán de mayor comodidad para hablar y comer, sino también de una mayor autoestima y mejora de las relaciones sociales. Será una inversión para disfrutar de una mayor calidad de vida en un futuro. Así evitaremos la necesidad de tener que depender de terceras personas para su mantenimiento o remoción, es decir, podremos olvidarnos de las molestias de la boca para siempre, ¡y ocuparnos de disfrutar de la vida!

En la Clínica Ahoa recomendamos realizar un programa de mantenimiento individualizado para cada paciente, respetando sus necesidades e informando en cada momento de la evolución de su salud bucodental. Una revisión de caries y una exploración detallada de las encías en cada visita asegura una buena prevención y el mantenimiento de la salud a largo plazo.

 

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